jueves, 8 de octubre de 2009

A una espalda confundida


Dos fuertes maromas, ramos de limones,

dejan inconcluso el resguardo

del pálido sobresalto

¿sorprendido tal vez en añoranzas?

Dos llamas amarillas acarician

la cintura que gime

como aquellos peces de colores

dormitando en bombas de cristal.

Un rosario de vértebras como cordillera

donde los volcanes reposan

esperando volverse tenso arco,

puente llamando a la locura.

Pero no,

es una espalda no la espalda,

no suda como las estatuas

no centellea como el lirio

no abriga con solo mirarla

no alimenta sin tener que palparla.

1 comentario:

  1. No entiendo como está en cero comentario un poema tan bello
    Siempre una delicia visitarte
    Un abrazo
    Stella

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