
Tu cara, empapada de lluvia,
brilla como el sueño de los valientes;
espera esa toalla de piel
que, sin querer, ves reflejada
mil veces
en el olor a sándalo y madera
que se guarda tras cada superficie .
Tu cara, entera hojas de primavera,
irradia todas las formas escondidas
en cada uno de esos pestañeos
que, sin querer, escapan
mil veces
de la capa de arena azafrán
labrada íntegramente con suspiros.
Tu cara, alabastro sensible,
resume cada uno de los silencios
que navegan entre las sábanas
sin brazos donde columpiarse
sin cuero donde murmurar.
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