
El tiempo
se vierte en si mismo
como olas que mueren
volcadas en rocas que reposan.
El tiempo
se repliega sobre manecillas,
parece un laberinto
con paredes de cristal.
El tiempo,
desecho en tu hombro,
mesa sus cabellos
lamentando ser implacable
después de rozar
la tersura de tu piel.
El tiempo
se viste de negro y plata
para poder seguir tus pasos,
tenues
como pétalos de niebla.
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