
Los cordeles gritan tu nombre
reconociéndote plena
en mi pelo barnizado de clavo,
dos ríos confluyen en mi dedo
y el monte que nace en mi mano
gime por el instante inconcluso
que transita en la pared blanqueada.
El viento desordena ideas
tu cuello nace en cada esquina
las ventanas rememoran aletas de nariz
ribeteadas de geranios rojos
como tobillos resbalando por la espalda
¿Os habéis fijado en los tejados derruidos?
Recuerdan mujeres desnudas
bañándose en limpios aljibes de adobe.
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