
Un beso,
tan verdadero como la sonrisa de mis abuelas,
hace trepar en mis pestañas
sudores que embriagan con su suavidad.
Una presencia,
tan imponente como una nevada y alta montaña,
se sienta en mis uñas
esperando salga el sol para sonreír.
Aliento
ternura en la camisa
carmín en el paladar
brisa en el cuello
rimmel en los labios
Sobre la mesa de caoba
piqué acanalado azul celeste
para sostener mis muñecas que cosen acentos
esperando
que las frambuesas maduren
y resbalen desde el esternón hasta el ombligo.
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