
Entre las costillas y el corazón,
en ese diminuto hueco,
quiero dormirme una mañana
para soñar yo tus sueños.
Y conseguir ver tus dientes
cuando sientas mi indisoluble presencia
y conseguir erizar tu piel
cuando notes mi suave parpadeo
y conseguir tentar tu cabello
cuando sepas que es mi frágil aliento
el que se confunde en tu latir
el que se enreda entre tus huesos.
Entre la voz y el gruñido,
recostado junto al murmullo,
voy a esconderme alguna vez
para que me rocen las palabras
que nuca se produjeron.
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